Cada vez que firmas...

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Mi pequeña Lenore

sábado, 28 de junio de 2008

Kitsune

La palabra japonesa Kitsune () significa zorro, animal que constituye un elemento de singular importancia en el folklore japonés, hasta el punto en que dicha palabra se utiliza tradicionalmente para nombrar a aquel espíritu del bosque con forma de zorro, cuya función clásica es la de proteger bosques y aldeas. Según la mitología japonesa, el zorro es un ser inteligente que posee habilidades mágicas, las cuales ve incrementadas con la edad y la adquisición de conocimientos. Por lo demás, la edad, la sabiduría y el poder de un kitsune son también mayores a medida que aumenta el número de colas, siendo el más poderoso el kitsune de nueve colas.


Entre sus poderes más sobresalientes se encuentra la capacidad de adoptar la forma humana, concretamente como mujer joven. En algunos cuentos tradicionales, y en general en el folklore, el kitsune se desenvuelve como un ser que aprovecha su metamorfosis para hacer travesuras con las personas; en otras ocasiones, el animal desempeña funciones de fiel guardián, amiga, amante o esposa.

Como consecuencia de todos estos atributos mágicos, al kitsume se le ofrecen ofrendas como si fuera una deidad.

La palabra kitsune fue originalmente una onomatopeya. "Kitsu" representaba al aullido del zorro y dio como significado a la palabra zorro. "Ne" es una expresión afectiva, lo que se toma como evidencia de una tradición establecida y de origen propio de la benevolencia del zorro en el folklore japonés. Kitsu es ahora un arcaísmo, ya que en el japonés moderno el aullido del zorro es representado como kon kon o gon gon.

Los kitsune en ocasiones se presentan como embaucadores, con variaciones que llevan desde seres traviesos hasta malévolos. Las leyendas cuentan que los kitsune traviesos atacaban a los samurái demasiado orgullosos, comerciantes codiciosos y plebeyos pretenciosos, mientras que los más malvados abusaban de los comerciantes pobres y granjeros o sobre los monjes budistas devotos. Sus víctimas eran usualmente varones; ya que podían poseer a las mujeres.

Texto: Wikipedia

martes, 17 de junio de 2008

Rima LXVIII

No sé lo que he soñado
En la noche pasada.
Triste, muy triste debió ser el sueño,
Pues despierto la angustia me duraba.

Noté al incorporarme
Húmeda la almohada,
Y por primera vez sentí al notarlo,
De un amargo placer henchirse el alma.

Triste cosa es el sueño
Que llantos arranca,
Mas tengo en mi tristeza una alegría...
¡Sé que aún me quedan lágrimas!

Gustavo Adolfo Bécquer

jueves, 12 de junio de 2008

¿Y si yo fuera...

... Un mueble de Ikea?


Si quieres probar... Lo he sacado de aquí

lunes, 9 de junio de 2008

De lo ricos que son los niños

Dentro de toda la fauna que nos podemos encontrar entre los locos bajitos, sin duda ninguna los mejores son los niños ingleses. Nadie sabe por qué, si serán los padres, el clima, la escuela o la televisión... Pero hay algunos individuos que destacan de los demás de manera especial. Y youtube tiene todas las pruebas que necesito para corroborar mi teoría.

Primero, porque hay algunos que tienen algunas dificultades a la hora de pronunciar consonantes... Y porque los padres tienen la suficiente jeta como para grabarles y colgar después el video en internet...



Segundo, porque aunque el crío esté intentando con toda su alma transmitir un mensaje, si le toca un padre con la risa floja, no hay nada que hacer...



Tercero, porque aunque madre sólo haya una, hay niños que saben reconocer para lo que sirven las madres, y no tienen ningún reparo a la hora de dejar claras sus ideas...



Cuarto, porque en esta generación de niños alimentados por videjuegos violentos, siempre hay alguno que tiene la inocencia suficiente como para creer en el hombre del saco pero la madurez justa como para saber qué hacer si alguna vez se encuentra con él...



Y quinto, porque por mucho que creas que eres el no-va-más en algún campo, siempre habrá alguien mejor que tú (Y más joven)...



Podéis reíros ahora... Pero pensad, que algún día el planeta estará en sus manos...

viernes, 30 de mayo de 2008

Y cuando menos te lo esperas...


Ya no recuerdo cuál fue la primera vez que estuve en Madrid.

Si tuviera una memoria de elefante, diría: La primera vez fue con dos años. O quizá fue cuando aún no había ni nacido, cuando aún estaba en la tripa de mi madre. O a lo mejor fue cuando ya era un poquito más mayor, cuando ya me daba cuenta de lo que pasaba a mi alrededor.

El caso es que, seguro que aquella primera vez que estuve en Madrid, no podía ni imaginarme todo lo que esta ciudad significaría para mí.

Primero, eso sí lo recuerdo, íbamos a Madrid para ver a los abuelos, para ver a mis padrinos y para jugar a la videoconsola con mis primos los mayores.


Después, íbamos a Madrid para ver la ciudad y entrar a los museos, esos que no había en mi pueblo, el de cera y el de ciencias naturales.

Después, íbamos a Madrid para montar en el Metro, y vimos a un señor haciendo trucos de magia en el mismo vagón en el que estábamos nosotros.

Más tarde, íbamos a Madrid para ir al Parque de Atracciones, con los abuelos y con los primos, a pasar un día divertido montando en todos los cacharros, y al día siguiente, al zoológico.

Después, íbamos a Madrid para comprar unas zapatillas de Ballet nuevas, porque las que vendían en mi pueblo me hacían mucho daño al bailar.

Más tarde, íbamos a Madrid para ir a ver un musical con mis abuelos, por ser la nieta cansina que no paró hasta que la llevaron al teatro.

Después, ibamos a Madrid para ir a la boda de mi padre con su mujer.

Después, íbamos a Madrid para que mi padre pasara un fin de semana con su mujer y con nosotros, y nos llevara a la Warner.

Y creo que fue más o menos en este momento, cuando me di cuenta de que Madrid estaba mucho más cerca de lo que parecía, mucho más cerca que un viaje en el coche con papá, aunque me lo pasara entero durmiendo.

Y entonces ya no fuimos a Madrid: Entonces fui a Madrid.

Fui a Madrid a conocer en persona a gente que había conocido por Internet.

Fui a Madrid para ver el mejor musical que ha existido sobre la tierra.

Fui a Madrid para animarme, después de la operación de la rodilla, para estar con mis amigos.

Fui a Madrid para ensayar un musical con aquella gran familia que nos habíamos juntado.

Fui a Madrid para pasar unos días con mis dos mejores amigos, para ir al teatro, para comer helados de Häagen-Dazs y para que me dieran una sorpresa.

Fui a Madrid para participar en una obra de teatro la noche de Hallowe'en.

Fui a Madrid para pasar los fines de semana con la persona que me robó el corazón.


Y por último, ya no voy a Madrid.

Ahora, vengo a Madrid.



¿Quién me lo iba a decir?

martes, 27 de mayo de 2008

Instrucciones para llorar

Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiento por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza.

El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el mismo momento en que uno se suena enérgicamente.

Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un animalito cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.

Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia dentro. Los niños llorarán con la manga del jersey contra la cara, y a ser preferible, en un rincón del cuarto.

Duración media del llanto, tres minutos.

Texto de Julio Cortázar.

Si se practica el llanto antes de dormir, es también una de las mejores formas de tener un sueño profundo y reparador, junto con el escuchar un cuento antes de acostarte y el caer de bruces en la cama después de un día agotador.

domingo, 25 de mayo de 2008

De mi cuaderno de Fávole... I

Sueño que caigo dormida,
mecida por unas notas musicales...

Sueño que me alejo de la cama,
flotando suavemente en el aire...


Sueño que me deslizo lejos,
observando el suelo desde lo alto...

Sueño que entro por tu ventana,
y te observo mientras duermes...


Sueño que te susurro al oído,
que te acaricio suavemente...

Sueño que quieres atraparme,
abriendo tus ojos azules...


Sueño que me atraviesas,
rompiéndome en dos...

Sueño que floto suavemente,
y te observo mientras duermes...


Mientras sueñas...



Fotografía: Cristina Pérez